
Tirez sur le pianiste
* * * * (Imprescindible)
Dirigida por François Truffaut
Disparen sobre el pianista trata sobre la constante lucha e inevitable resignación de un hombre condenado a no escapar de su pasado. Para François Truffaut, su director, los hombres son instrumentos de un destino ya escrito.
El popular cantante francés Charles Aznavour es Charlie Kohler, un pianista resignado a tocar en un bar al que frecuentemente asiste mucha gente para bailar exclusivamente por él. Pero Charlie no es feliz, su rostro denota tristeza y cierta amargura de quienes han vivido más de lo que aparentan.
La irrupción en el bar de uno de sus hermanos, huyendo de dos gángsters, hará que Charlie, al ayudarlo, se involucre en una historia de persecuciones característica del policial noir. Pero más allá de lo que aparentan una trama clásica y una estilizada fotografía en blanco y negro, la importancia de Disparen… es el éxito de Truffaut para superar los límites del género.
En realidad, las escenas son tan variadas que puede hablarse de un “cruce” de géneros: policial, comedia, drama, romance y acción. El guión, basado en la novela David Goodis, y la improvisación de los actores permiten que nada parezca forzado, que las situaciones no resulten inverosímiles.
Por ejemplo, una escena se desarrolla en el auto en que Charlie y su nuevo amor, Léna (Marie Dubois), están cautivos de los dos mafiosos. No hay insultos gratuitos, agresión, ni tensión. Todo lo contrario: por minutos comienzan una conversación sobre lo que los hombres buscan en las mujeres, en la que las risas y comentarios mordaces no faltan. Inclusive Léna se ríe y anima la discusión.
Sin embargo, cuando la película lo requiere, Truffaut consigue cambiar la atmósfera para incorporar dramatismo. En un flashback de mucha duración, se revela el trágico pasado que Charlie ha ocultado: una historia de amor, consagración artística, infidelidades y suicidio. Este segmento de la película es perfecto, no sólo por lo que se cuenta, sino por cómo lo hace.
A lo largo de la película, Truffaut incorpora técnicas narrativas innovadoras para su época, y que en películas actuales siguen llamando la atención. Se incorporaran subtítulos animados durante un baile en el bar para seguir el ánimo festivo de la escena. La cámara sigue por mucho tiempo a personajes extras que en ocasiones ni siquiera pronuncian una palabra. La voz en off es usada como pensamiento en “tiempo real”, que puede ser interrumpida por una acción consecuencia de ese pensamiento (como pensar algo seductor para decir a una mujer, para que sorpresivamente un personaje fuera de cámara lo diga primero).
Quizá el recurso que mejor ilustra la habilidad y deseos de experimentar de Truffaut sea la escena en la que los mafiosos explican a Charlie que consiguieron dar con su casa después de que el dueño del bar, por algo de dinero, no tuviera reparos en darles toda la información que necesitaban. La voz en off del gangster se escucha mientras la pantalla se divide en tres partes, cada una con el mismo plano sobre el dueño hablado, pero en momentos distintos. El efecto no es gratuito: consigue, usando la capacidad expresiva del actor, revelar ingeniosamente que el hombre es un verdadero chanta.
Más allá de sus virtudes, Disparen… no está libre de algunas fallas. La historia en un momento pierde esa alentadora espontaneidad que mostraba desde el comienzo. Me refiero a la escena en la que Charlie finalmente pelea con el dueño del bar, y cuya resolución y epílogo parecen algo forzados. La consecuencia es que el final, que se desprende un poco de esta situación, pierde la solidez que la excelente forma en que está coreografiado y filmado le hubieran dado.
Después del éxito de Los cuatrocientos golpes (1959), que poco tiene que ver con Disparen…, Truffaut continuó en la búsqueda de un cine diferente, que seguía marcando las pautas de lo que definiría a la nouvelle vague. La vigencia de la película, que puede notarse en la filmografía de los hermanos Coen o Quentin Tarantino, es un merecido reconocimiento al director y, fundamentalmente, a la búsqueda de innovar que todo arte debe tener.
Si pensamos al cine como arte es, en gran medida, gracias a la contribución de Truffaut. Si el medio no sabía cuáles eran sus posibilidades, después de Disparen… lo sabemos un poco mejor.







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