12/03/2010

El aburrimiento no es aburrido

Alberto Moravia (Roma, 1907 - Roma, 1990), uno de los mejores autores italianos del siglo pasado, publicó en 1960 El aburrimiento. La novela narra en primera persona la historia de un pintor, hijo acomodado de la burguesía, que deja de pintar y se somete a una desesperada relación con la hermosa y apática Cecilia. El tedio del protagonista se palpa a través de toda la obra en ingeniosas reflexiones, comentarios, descripciones y diálogos.

Aprovecho esta pequeña introducción para transcribir algunas líneas de Moravia que, espero, sirvan de ejemplo para ilustrar la genialidad de El aburrimiento.

Sobre el aburrimiento:

Para muchos el aburrimiento es lo contrario de la diversión; y la diversión es
distracción, olvido. En cambio, para mí, el aburrimiento no es lo contrario de
la diversión; antes bien, podría decir sin más que bajo ciertos aspectos el
aburrimiento se asemeja a la diversión en cuanto provoca precisamente
distracción y olvido, aunque sea de un género muy particular. El aburrimiento,
para mí, es propiamente una especie de insuficiencia, o impropiedad, o escasez
de la realidad.
Sobre un proyecto de historia universal:
Pero era un chico, con toda la pedantería y pretensión de los chicos. Así, el resultado fue concebir un proyecto de historia universal desde el punto de vista del tedio; pero no alcancé a escribir más que las primeras páginas. La historia universal, desde el punto de vista del tedio, se basaba en una idea muy simple: el resorte de la historia no era el progreso, ni la evolución biológica, ni el factor económico, ni ningún otro de los motivos que suelen aducir los historiadores de las distintas escuelas; era el tedio, era el aburrimiento. Muy entusiasmado con este magnífico descubrimiento, encaré las cosas desde su raíz. En el principio, pues, era el aburrimiento, vulgarmente llamado caos. Dios, aburrido del aburrimiento, creó la tierra, el cielo, las aguas, los animales, las plantas; y creó a Adán y a Eva, quienes, aburriéndose a su vez en el Edén, comieron del fruto prohibido. Dios se aburrió de ellos y los desalojó del Edén; Caín, aburrido de Abel, lo mató; Noé, que en realidad se aburría demasiado, inventó el vino; Dios nuevamente aburrido de los hombres, destruyó el mundo por medio del Diluvio; pero éste también acabó aburriéndole, y entonces hizo que volviera el buen tiempo. Y así sucesivamente. Los grandes imperios, egipcio, babilonio, persa, griego y romano, surgían del aburrimiento y se desmoronaban precipitándose en el aburrimiento; el aburrimiento del paganismo trajo el cristianismo; el aburrimiento del catolicismo, el protestantismo; el aburrimiento de Europa indujo a descubrir América; el aburrimiento del feudalismo provocó la Revolución francesa; y el aburrimiento del capitalismo la Revolución rusa. Anoté todas estas peregrinas ocurrencias en una especie de cuadro sinóptico; después, con el mayor empeño, empecé a escribir la historia propiamente dicha. No recuerdo bien, pero creo no haber llegado más allá de la descripción muy detallada del atroz aburrimiento que padecieron Adán y Eva en el paraíso terrenal, y de cómo y por qué tal aburrimiento les indujo a cometer el pecado mortal. Enseguida, aburrido a mi vez del proyecto, interrumpí la obra.
Quedan para el futuro algunos comentarios sobre la novela en sí, pero espero que la lectura de estos fragmentos incentive su lectura. Son contadas las veces en que el aburrimiento no aburre.

Ilustración de Joaquín Bilbao

REFERENCIA: Alberto Moravia, El aburrimiento, Editorial Losada, 1968 [1960]. Traducción de Attilio Dabini.

2 comentarios:

Chelo Souto dijo...

Qué interesante. Está el aburrimiento institucionalizado: para darte un título de posgrado te hacen aburrirte de tu tema hasta que los demás se aburran de leer tu trabajo, para luego dedicarte a otra cosa. La maximización social del aburrimiento.

Y pensar que vos querías eficiencia...

Joaquín Bilbao dijo...

El aburrimiento institucionalizado es una de los peores males de nuestro tiempo.

¡Fuerza con la tesis Chelo! Todo pasa...