23/03/2010

Conociendo a Woody

La filmografía de Woody Allen impresiona: en 44 años dirigió algo más de 40 películas, cerca de un film por año. Por supuesto, semejante ritmo de producción es difícil que resulte en una igual proporción de cantidad y calidad. Pésimas películas como La maldición del escorpión de jade (2002) conviven junto a clásicos como Crímenes y pecados (1989). Sin embargo, la virtud de Allen es que en el medio de estos extremos logró realizar películas muy buenas gracias a la consolidación de su estilo como director.

Lamentablemente, muchas de estas obras no generan demasiada repercusión, ni son comentadas. Por esta razón aprovecho Selecciones cinéfilas para recomendar tres películas no tan conocidas del director newyorkino.

La última noche de Boris Grushenko (1975)
Love & Death
* * * * (Imprescindible)
Dirigida por Woody Allen

Dos años antes del estreno de Annie Hall (1977) Allen dirigió esta divertida comedia sobre las peripecias de un soldado ruso, Boris Grushenko (interpretado por el director), y sus delirantes planes para asesinar a Napoleón. Filmada en Francia y Hungría, es una de las pocas películas de Allen filmadas afuera de Nueva York. Muchas escenas son de gran escala, involucrando a cientos de extras para recrear la particular visión de Allen sobre la invasión francesa en Rusia. La fotografía y los movimientos de cámara satirizan concientemente el estilo del Ingmar Bergman de películas como el Séptimo sello (1957). Las referencias a su admirado director sueco no se terminan ahí: aparecen en diálogos metafísicos, escenarios abrumadores y hasta en personajes como la mismísima muerte. Las alusiones a Bergman y a autores como Fiódor Dostoyevski, más allá de lograr excelentes escenas de humor, permiten a Allen introducir conceptos temáticos “serios” en su narración, sobre los que en el futuro realizaría grandes películas. Sobre la muerte, el problema de la justicia y el sentido de la vida reflexionaría, con mayor profundidad y éxito, en trabajos como la mencionada Crímenes y pecados o Match Point (2005). Pero antes de encontrar su definitivo estilo autoral, Allen intentaría zambullirse de lleno en el cine dramático, dejando de lado el humor, en su fallida Interiores (1978).

Interiores (1978)
Interiors
* * * (Vale la pena)
Dirigida por Woody Allen

Sin la participación actoral de Allen, Interiores cuenta la historia de tres hermanas que deben lidiar con la abrupta separación de sus padres. La madre, una posesiva y controladora decorada de interiores, es abandonada por su marido en una reunión familiar en su lujosa casa en la playa. En este contexto, que Allen elije adecuadamente, la fotografía del gran Gordon Willis (que trabajaría magistralmente en Manhattan al año siguiente) empieza a tomar protagonismo. Las atmósferas de luz baja, e incluso nula, priorizan resaltar los rostros dramáticos del excelente reparto (en especial Geraldine Page y Maureen Stapleton), en un primer acercamiento al estilo de Bergman. El homenaje visual se completa con una cámara que no suele moverse demasiado: la atención está puesta en los personajes y sus diálogos. El problema de la ambición artística, el contraste con la realidad y las relaciones inter familiares son otros de los aspectos que remiten al director sueco. Las hermanas son o tratan de ser artistas reconocidas, sin que ello alivie su suerte de sufrimiento existencial. Es el primer acercamiento a un problema que Allen resolvería con holgada destreza en Los secretos de Harry (1997). El problema es que los diálogos, complementados por una quieta puesta en escena, suenan muy cargados de solemnidad. El intento de Allen por que lo tomen en serio resulta en una película que se toma a sí misma demasiado seriamente. Pero es preferible tener grandes ambiciones y salir mal parado a no tener ninguna. Gracias a esta primera incursión en el terreno del drama, Allen conseguiría con el tiempo dominar casi a la perfección ese equilibrio entre humor y seriedad característico de su filmografía.

Días de radio (1987)
Radio Days
* * * (Vale la pena)
Dirigida por Woody Allen

Días de radio es una seductora película que, en tono de comedia, reflexiona sobre los dorados años cuarenta que suele recordar Allen, esta vez a través de la influencia que ejercía la radio en la sociedad. Nuevamente aparece el tema de cómo arte y realidad dialogan permanentemente para transformar la realidad de los protagonistas, entre los que Allen sólo se encuentra a modo de narrador omnisciente. A medida que avanza la película pueden observarse la repercusión que tenían en los niños series sobre héroes como La Sombra. La virtud de Allen es que, a falta de una narración lineal argumental, ya posee las habilidades necesarias para unir escena tras escena a través de su sabia elección de música del momento. Aquí la banda sonora, quizá más que en ninguna otra de sus películas, cumple una función principal. La confianza en su propio estilo es tal que hasta se da el lujo de introducir el famoso episodio de la falsa noticia de la invasión extraterrestre narrada por Orson Welles en la radio. Días de radio triunfa porque sin creerse demasiado, logra una encantadora síntesis entre la melancolía y el humor. Uno de los puntos altos de Allen en la que fue probablemente su mejor década cinematográfica.

4 comentarios:

Fer Massa dijo...

No vi ninguna de las tres. ¡A lo mío, pues!

Joaquín Bilbao dijo...

Valen la pena Fer. No son sus mejores, pero tienen su inconfundible sello.

stephanie -* dijo...

Love & Death, comedia delirante si las hay... me hizo reir mucho.

Radio Days trasmite nostalgia de la linda.

Me encanta que Woody nos de pelis en cantidad, más allá de que algunas no estén a la altura de las circunstancias... nos da la oportunidad de tener un proyecto que nunca se acaba, el de intentar estar al día con todas su obra.

Joaquín Bilbao dijo...

Me gusta la idea del proyecto que nunca termina...